BromazuTaller de encaje de bolillos

Encaje de bolillos:del picado a la pieza terminada

Bromazu reúne notas de taller sobre el encaje de bolillos entendido como un oficio de manos: cómo se monta el mundillo, cómo se pincha y se lee un picado, qué ocurre realmente cuando se cruzan y se tuercen dos pares, y por qué una labor bien tejida puede estropearse en el lavado si se trata como un pañuelo cualquiera.

Los textos están escritos para quien teje, no para quien mira. Describen gestos concretos, medidas comprobables y los errores que aparecen siempre al principio, con el vocabulario que se usa en los encuentros de encajeras de la península.

  • Lo que se trata aquí
  • Mundillo, alfileres y picado
  • Vestir los bolillos y tensar el hilo
  • Lienzo, red y trenza
  • Lectura del picado
  • Hilos de lino y de algodón
  • Encaje de pares y de piezas
  • Lavado, almidonado y conservación
  • Luz, altura y orden del puesto
Manos sosteniendo varios bolillos de madera vestidos con hilo rojo sobre un mundillo cilíndrico con el picado alfilerado
Imagen 1. Pares vestidos con hilo rojo sobre un mundillo cilíndrico; los alfileres sujetan el tejido en los puntos marcados por el picado. Imagen de archivo utilizada como ilustración del tema.

01Antes del primer par: mundillo, alfileres y picado

El encaje de bolillos se sostiene sobre tres objetos que conviene elegir antes de comprar hilo. El primero es el mundillo, la almohadilla sobre la que se trabaja. En la península conviven dos formas: el mundillo cilíndrico, que gira sobre su soporte y permite tejer tiras largas sin volver a montar la labor, y la almohadilla plana o de tambor, más cómoda para piezas cerradas como tapetes y abanicos.

Lo que decide la calidad no es la forma sino el relleno. Debe estar tan prensado que el alfiler entre con resistencia y se quede clavado en el ángulo en que se pone. Si el alfiler se hunde solo con el peso de los bolillos o se inclina cuando se tira del par, la labor se deforma antes de la tercera vuelta. Los rellenos habituales son paja apretada, serrín o espuma de alta densidad; ninguno funciona si queda flojo.

Los alfileres deben ser de latón o de acero inoxidable. Un alfiler de acero común deja una mancha de óxido sobre el lino blanco en pocos días de humedad, y esa mancha no sale con el lavado. Para trabajo normal sirven los de 30 a 38 mm; los de cabeza de vidrio se manejan mejor y se ven sobre la funda oscura.

El picado es el patrón perforado que guía toda la labor. Se dibuja o se copia sobre cartulina de unos 250 g, se pincha punto por punto con una aguja algo más gruesa que el alfiler y se coloca sobre el mundillo cubierto por una funda lisa. Un picado hecho sobre papel fino se ablanda con el roce y las perforaciones se agrandan: los alfileres dejan de caer en su sitio y el dibujo se abre.

Comprobaciones antes de empezar

  • El alfiler clavado a 45° aguanta un tirón suave sin moverse.
  • La funda del mundillo es lisa, mate y de color contrario al del hilo.
  • Las perforaciones del picado están limpias, sin rebabas de cartulina.
  • Hay alfileres suficientes para toda la zona activa, no solo para las dos primeras vueltas.
  • El picado está sujeto con alfileres en las cuatro esquinas y no puede deslizarse.

02Vestir los bolillos y sostener la tensión del hilo

Los bolillos trabajan siempre de dos en dos. La forma habitual de vestirlos es devanar un solo hilo continuo en dos bolillos, dejando entre ellos la longitud que se necesite para empezar; así el par queda unido y no hay nudo en el arranque. Se devana en el mismo sentido en los dos, de modo que el hilo salga por el mismo lado y el par se comporte igual en ambas manos.

La cantidad razonable para una pieza pequeña ronda los tres o cuatro metros por bolillo. Con más hilo, el bolillo engorda, pesa de manera desigual y golpea a sus vecinos; con menos, hay que añadir hilos en mitad de un motivo, que es donde peor se disimulan las uniones. El hilo devanado se fija con una media vuelta sobre el cuello del bolillo, que sujeta lo suficiente y se suelta girando el bolillo cuando hace falta soltar más hilo.

La tensión no se consigue tirando. El peso del bolillo ya hace casi todo el trabajo; lo que corresponde a la mano es colocar los pares abiertos en abanico por debajo de la zona de labor, en línea con la dirección en la que avanza el tejido, y dar un tirón corto y hacia abajo después de clavar cada alfiler. Tirar hacia los lados desplaza el alfiler y estrecha el dibujo.

Señales de que la tensión va mal

  • El tejido se estrecha respecto al picado a medida que se avanza.
  • Aparecen lazadas flojas en los bordes, junto a los alfileres de orilla.
  • Los hilos de un mismo par tienen visiblemente distinta tirantez.
  • Al retirar un alfiler, la zona tejida se abre en lugar de mantenerse.
  • Los bolillos se enredan entre sí porque cuelgan a distinta altura.

03Cruzar y torcer: lienzo, red y trenza

Todo el encaje de bolillos, por complicado que parezca el dibujo, se construye con dos movimientos. Cruzar es pasar un bolillo por encima de otro entre dos pares vecinos; torcer es pasar un bolillo sobre su compañero dentro del mismo par. Con cuatro bolillos sobre el mundillo se pueden aprender los dos en diez minutos; lo que lleva tiempo es hacerlos siempre en el mismo orden, sin mirar.

Punto de lienzo

Se obtiene con la secuencia cruzar, torcer, cruzar y da un tejido cerrado, de aspecto compacto, parecido a una tela. Es el punto que forma las partes llenas del dibujo: hojas, cintas, bordes anchos. Si el lienzo sale con huecos irregulares, casi siempre es porque la torsión intermedia se ha hecho en unos pares sí y en otros no.

Punto de red

Es el fondo abierto que rodea a las partes llenas. Añade torsiones antes y después del cruce, de modo que entre alfiler y alfiler queda un tramo de hilo torcido visible y el conjunto se vuelve transparente. En la red se ve enseguida cualquier diferencia de tensión, porque el hueco entre puntos la amplifica.

Trenza

La trenza es un cordón estrecho de dos pares que se repite una y otra vez y sirve para unir zonas del dibujo, recorrer distancias largas o sostener motivos sueltos. Se teje repitiendo cruce y torsión sin clavar alfiler entre medias, salvo en los puntos de encuentro. Una trenza bien hecha es regular y no se ensancha: la irregularidad delata que se ha soltado la tensión al desplazarse por el mundillo.

04Leer un picado y trabajar sobre él

Un picado no es un dibujo del encaje terminado, sino un mapa de recorridos. Los puntos marcan dónde va cada alfiler; las líneas, por dónde pasa cada par; los sombreados o rellenos, qué zonas van en lienzo y cuáles en red. Antes de montar nada conviene recorrer el picado con el dedo, siguiendo una línea entera desde su entrada hasta donde termina, y contar cuántos pares entran por el arranque.

Merece la pena marcar el propio picado antes de empezar. Un lápiz azul para el recorrido principal, uno rojo para los puntos donde se añaden o se retiran pares, y una flecha que recuerde el sentido de avance evitan la mayoría de las paradas largas. En una tira que se repite, basta con marcar un motivo completo: los demás se leen solos.

El número de pares no es una decisión libre. Depende del ancho de las zonas de lienzo y de la densidad de la red, y suele venir indicado en el picado. Empezar con menos pares de los necesarios obliga a añadirlos en mitad del tejido, donde la unión queda a la vista; empezar con más produce acumulaciones que estorban y tuercen los bordes.

Orden de trabajo sobre el picado

  1. Fijar el picado a la funda con alfileres en las esquinas y comprobar que no se mueve.
  2. Clavar los alfileres de entrada y colgar los pares en el orden que indique el patrón.
  3. Tejer las dos primeras vueltas despacio, comprobando que el tejido coincide con el ancho dibujado.
  4. Avanzar por zonas completas y no por filas sueltas, para que la tensión se reparta.
  5. Retirar solo los alfileres que quedan claramente por detrás de la labor, nunca los del borde activo.
Detalle de bolillos de madera con el hilo rojo devanado en el cuello, sostenidos junto al mundillo
Imagen 2. El hilo devanado en el cuello del bolillo: la cantidad y la sujeción determinan cómo cuelga el par y cómo se comporta la tensión.

05Hilos de lino y de algodón: grosor, torsión y correspondencia con el picado

El lino es el hilo clásico del encaje de bolillos. Tiene poca elasticidad, un brillo apagado y una firmeza que sostiene el dibujo sin ayuda; a cambio es menos indulgente, marca los tirones y se rompe si se fuerza un nudo mal hecho. El algodón mercerizado es más blando, más brillante y mucho más fácil de manejar al principio, aunque una pieza grande tejida en algodón tiende a ceder con los años.

La numeración funciona al revés de lo que parece: cuanto mayor es el número, más fino es el hilo. Un hilo del 30 es grueso y rinde rápido; uno del 80 o del 100 exige un picado de puntos muy juntos y buena luz. Lo importante no es el número en sí, sino su correspondencia con el picado: el hilo debe llenar el espacio entre alfileres sin apretarse ni dejar el tejido flojo.

Prueba de correspondencia

  • Tejer diez puntos de lienzo sobre una esquina del picado y observar el resultado.
  • Si el tejido abomba y los alfileres cuestan de clavar, el hilo es demasiado grueso.
  • Si se ven huecos entre punto y punto y la zona llena parece rala, es demasiado fino.
  • Repetir la prueba con el hilo de un número contiguo antes de montar toda la labor.
  • Anotar en el propio picado el hilo que ha funcionado, para no repetir la prueba en el futuro.

Conviene además tejer siempre una pieza entera con hilo del mismo lote. Dos madejas del mismo número pueden diferir lo bastante en tono y torsión como para que la unión se note a contraluz.

06Encaje de pares y encaje de piezas enlazadas

Las dos maneras de organizar una labor se distinguen por cuántos pares trabajan a la vez. En el encaje de pares, todos los pares necesarios se cuelgan al principio y recorren la pieza de un extremo a otro; el dibujo aparece por el cambio de punto, no por el cambio de recorrido. Es la lógica de los encajes continuos, y su límite es práctico: un motivo ancho puede pedir cincuenta o sesenta pares colgando del mundillo.

En el encaje de piezas enlazadas se trabaja con pocos pares, a menudo seis u ocho, que forman una cinta continua. Esa cinta recorre el dibujo, gira, vuelve sobre sí misma y se une a los tramos ya tejidos mediante enlaces hechos con un ganchillo muy fino, que pasa una lazada de un hilo por el borde de la cinta vecina. Así se pueden cubrir superficies grandes sin multiplicar los bolillos.

Ninguna de las dos es más avanzada que la otra; resuelven problemas distintos. Para tiras repetidas, orillas y entredoses, el encaje de pares resulta más directo. Para dibujos amplios y curvos, como tapetes o paneles, la cinta enlazada es más manejable y permite corregir el rumbo sin desmontar la pieza entera.

Qué mirar al elegir el método

  • El ancho máximo de las zonas llenas del picado.
  • El número de pares que el mundillo permite manejar con comodidad.
  • Si el dibujo se repite en tira o se cierra sobre sí mismo.
  • La disponibilidad de un ganchillo lo bastante fino para los enlaces, del orden de 0,5 a 0,75 mm.

07Desmontar la labor, lavarla, almidonarla y guardarla

El final de una pieza es el momento en que más encajes se estropean. Antes de tocar los alfileres hay que rematar: se atan los pares sobrantes con un nudo plano ajustado contra el tejido, se cortan dejando un centímetro de cabo y esos cabos se esconden después con una aguja fina por dentro de la zona de lienzo, nunca por la red, donde se verían.

Los alfileres se retiran en el mismo orden en que se pusieron, empezando por el principio de la labor y sin tirar del tejido hacia arriba. Si un alfiler se resiste, se afloja girándolo, no forzándolo. La pieza recién desmontada conserva todavía la memoria del mundillo y se estira con facilidad, así que conviene dejarla plana antes de manipularla más.

Lavado

Agua templada, jabón neutro y nada de frotar. La pieza se sumerge, se mueve suavemente con la mano y se aclara varias veces hasta que el agua salga limpia. No se retuerce para escurrir: se apoya entre dos toallas y se presiona. Un encaje de lino blanco admite un remojo prolongado; uno con hilo de color conviene lavarlo solo y comprobar antes la solidez en un cabo sobrante.

Almidonado y secado

El almidón se diluye más de lo que suele indicarse para ropa: el objetivo es dar cuerpo, no rigidez de cartón. Con la pieza húmeda, se extiende sobre una superficie blanda cubierta con un paño limpio y se alfilera punto por punto hasta recuperar la forma y las medidas del picado. Se deja secar así, sin plancha directa; si hace falta planchar, se hace por el revés y con un paño interpuesto.

Conservación

  • Guardar en plano o enrollado sobre un tubo forrado de papel libre de ácido.
  • Evitar bolsas de plástico cerradas: retienen humedad y amarillean el lino.
  • Mantener la pieza fuera de la luz directa, que apaga el blanco y reseca el hilo.
  • No guardar nunca un encaje con alfileres puestos.
  • Revisar las piezas almacenadas una vez al año y cambiar los pliegues de sitio.

08El puesto de trabajo: luz, altura y orden de las herramientas

Tejer con hilo del 60 durante dos horas con mala luz cansa más que la labor en sí. La luz debe llegar lateralmente y algo por delante, de modo que los bolillos no proyecten su sombra sobre la zona activa; una lámpara de temperatura neutra, alrededor de 4000 K, muestra el hilo blanco sin volverlo amarillo ni azulado. La luz frontal directa deslumbra sobre la funda clara y borra el relieve del tejido.

La altura importa igual. El mundillo debe quedar de manera que los antebrazos trabajen relajados y la espalda no se incline hacia delante; con un soporte que incline ligeramente la almohadilla hacia quien teje se ve mejor la zona de labor y se manipulan los alfileres sin levantar los hombros. Muchas encajeras trabajan sentadas con el mundillo apoyado en una mesa baja, otras prefieren un soporte de pie: lo que no funciona es el regazo, porque la labor se mueve con cada gesto.

Lo que conviene tener a mano

  • Alfilerero con los alfileres clavados, no sueltos en una caja.
  • Tijeras pequeñas de punta fina, reservadas solo para hilo.
  • Ganchillo de 0,5 a 0,75 mm para los enlaces y para recuperar lazadas.
  • Aguja de zurcir fina para esconder los cabos al rematar.
  • Un paño limpio para cubrir el mundillo cada vez que se deja la labor.
  • El picado de repuesto, si la tira es larga y el original se va a desgastar.

Cubrir la labor al terminar la sesión no es una manía: el polvo se fija en el hilo tenso y en los bordes del tejido, y se nota justamente en las piezas que más tiempo llevan montadas.

09Qué se publica en Bromazu

Bromazu es un proyecto editorial dedicado a un solo oficio. Lo que se publica son textos explicativos sobre el encaje de bolillos: descripciones de técnicas, notas sobre materiales, aclaraciones de vocabulario y observaciones prácticas recogidas al tejer. Todo el material se lee libremente y sin registro.

El contenido se organiza en cuatro grupos que se revisan y amplían con el tiempo:

  • Preparación. Mundillo, fundas, alfileres, picados y montaje de la labor.
  • Técnica. Vestido de los bolillos, tensión, cruce y torsión, lienzo, red, trenza y lectura de patrones.
  • Materiales. Lino y algodón, numeración, torsión y correspondencia entre hilo y picado.
  • Acabado. Remates, desmontaje, lavado, almidonado, alfilerado de secado y conservación.

No se publican patrones de terceros ni material tomado de otras publicaciones. Cuando un texto describe una práctica que admite variantes regionales, se indica que existen otras formas de hacerlo en lugar de presentar una como la única correcta.

10Escribir a Bromazu

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